Premio Tarazona y el Moncayo: Antonio Resines – La Leyenda

Juro que no voy a exagerar, pero hablemos de leyendas. No me excederé en epítetos laudatorios, pero refirámonos  a un mito, perdón, a Un Mito. Lo último que quiero es sonar adulador, pero voy a intentar definir a un actor, sorry, a Un Artista Multidimensional Insustituible para el firmamento de nuestra cultura. Sí, claro que es Antonio Resines.

Ni me acuerdo de cuándo lo conocí. Tal vez fue en Zaragoza, mientras Santiago Segura y yo tratábamos de armar mi primera película. Me volví a topar con él en algún otro sitio, quizá en algún cumpleaños de David Trueba. Y ya nos pusimos a hablar como si me conociese de toda la vida. Lo cual fue muy halagador, porque para los que nos aficionamos, excusez-moi, nos obsesionamos por el cine en los años ochenta, Antonio es, sin duda, Una Leyenda. Recuerdo que meterse a ver una película española con Antonio dentro era, ya de entrada, buen rollo (imposible olvidarle en “Ópera prima”, “La línea del cielo”, “Sal gorda”, “La vida alegre” o “Amanece, que no es poco”, ¿a que no?). Sabías que te ibas a divertir, que ibas a empatizar de inmediato con la historia, y que te ibas a encontrar con un superdotado para la comedia con el carisma natural de un CaryGranttorrelaveguense (y sigo sin exagerar, conste).

Pero Resines no es sólo humor, por mucho humor que circule libre, desbocado y frenético por cada una de sus cántabras arterias. Cualquiera que le haya visto desplegar Su Método en “La caja 507”, “La buena estrella” o “Celda 211” (por decir tres), sabe que es igualmente genial en drama, cine negro, ciencia ficción o lo que el destino le ponga por delante. Hablando del destino, éste ha tenido el detalle de dejar que me siga topando con Antonio aquí y allá, de Budapest a Tarazona pasando por Calamocha. Siempre disfruto mucho de la compañía del Presidente Resines (como me gusta llamar a La Leyenda tras haber presidido la Academia del Cine). Y espero que Maese Destino consume el anhelo, largamente acariciado por mí, de trabajar juntos en cierto proyecto del que él y yo sabemos…

Una vez Alfredo Landa definió a Antonio, entre otros muchos merecidos elogios, como “alguien de fiar”. Por definición, la confianza es “la creencia, esperanza y fe persistente que alguien tiene, referente a otra persona, entidad o grupo en que será idóneo para actuar de forma apropiada en una situación o circunstancia determinada”. Y yo también tengo esa fe persistente, e incluso inquebrantable, en que Antonio Resines, como persona, entidad e incluso grupo, es idóneo para actuar en cualquier situación o circunstancia. Bienvenido a Tarazona, Presidente.

MIGUEL ÁNGEL LAMATA